Gracias, Kobe

El repentino fallecimiento de Kobe Bryant en un accidente de helicóptero nos cogió a todos por sorpresa. No diré que a mí el que más, pero sí, me ha cogido desprevenido. Simplemente no me podía creer que uno de los míticos jugadores que hace más de una década me enamoraron del baloncesto, se pudiera ir así de un momento para otro.

Aún recuerdo como si fuera ayer cuando la euforia de Pekín se había alargado dos años más. Yo tenía 11 años de aquélla y éstas iban a ser mis primeras noches trasnochando por la NBA. Aquellos playoffs de 2010 fueron mi primer contacto real con el baloncesto NBA. Y yo era un chaval que, cegado por el gran momento del baloncesto español, pensaba que Pau Gasol era el mejor jugador del mundo sin discusión alguna. Estaba a punto de descubrir a un jugador que cambiaría mi forma de ver el baloncesto.

Eliminaron a Oklahoma en 6 partidos y a Utah en 4, y ya para entonces, los Lakers se toparon con los Phoenix Suns en las finales de Conferencia.  A lo largo de los 15 partidos que habían disputado, empecé a ver que un tal Kobe Bryant que ya viera destacar en Pekín, no paraba de ser el máximo anotador de cada encuentro. Pero fue el sexto juego de esa eliminatoria lo que me cambió totalmente la forma de la que veía el baloncesto hasta entonces.

En un partido reñidísimo, Kobe, literalmente se echó el equipo a sus espaldas como nunca antes había visto hacer a ningún jugador. Cogía el balón con dos hombres encima, se libraba de ellos y la metía desde cualquier sitio. Incluso si no se deshacía del defensor, él anotaba en su cara. Y lo que más me sorprendía de Kobe era que, a diferencia de los grandes anotadores que acostumbraba a ver en Europa como Louis Bullock, él estaba al mismo nivel en el otro lado de la pista, sudando la gota gorda en defensa. Ese tío era mi superhéroe.

Él era un ganador nato pues, por muy imposible que parezca, aún podía poner otro nivel más de esfuerzo sobre la mesa.

Después del último cruce de Conferencia llegarían las tan ansiadas Finales. Esas fueron sus últimas Finales de la NBA. Jugaron contra la última gran dinastía de los Celtics. Aquel equipo de leyenda en el que Rajon Rondo, Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett coincidirían en sus respectivos “primes” para devolver a Boston al trono de la liga.

Los siete partidos que disputaron en línea Lakers y Celtics, fue la serie de encuentros con mayor nivel de competitividad que jamás he visto. A excepción del sexto juego, en el que los Lakers dejaron a los Celtics en 67 puntos, ninguno de los dos equipos se vio claramente superior al otro en el resto de partidos. Y es entonces, en esos tira y afloja, en donde los integrantes del Olimpo del baloncesto marcan la diferencia. Con un excelente Gasol, que se sobrepuso al mismo Garnett que pasó por encima suya dos años antes, Kobe redujo y prácticamente anuló la producción ofensiva de Ray Allen y Paul Pierce. Y, sobre todo, dejando claro quién manda.

Gracias por ser ese ídolo que me enamoró del baloncesto.

Gracias, Kobe y que en paz descanses.

 

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